Galileo Galilei marcó el fin de la ciencia existente hasta entonces, a partir de él se inicia la ciencia actual, a la que se catalogó como “método científico” el que utilizaba Galileo.
Del juicio a Galileo, me intriga que estando rodeado de las mentes más desarrolladas de la época, ninguna de esas mentes fuera capaz de imaginar la existencia del universo, mientras que nuestros nietos e hijos los vemos con un juguete en la mano diciendo “hasta el infinito y más allá”. Nuestros niños no es que sean más inteligentes que los estudiosos contemporáneos de Galileo, lo que les diferencia es la fantasía, antídoto contra los dogmas o cortinas de humo que producen los profesionales vendedores de humo (son los que hablan muy bien pero no solucionan nada).
Los grandes descubrimientos suelen hacerse en la más grande de las soledades. Pienso en esa noche en la que Galileo enfocó el telescopio al cielo y descubrió el universo. Deseo estar con mi espíritu a su lado, junto con otros muchos espíritus que sienten como yo, y participar de esa sensación de inmensidad que le produjo la observación de algo que estaba ahí sin que nadie lo viera como él lo vió, los cráteres de la Luna, las fases de la Venus, lo satélites de Júpiter, grandes descubrimientos que cuando los dió a conocer a la comunidad científica, lo condenan a morir quemado. Quiero estar con Galileo esa mágica noche, que trajo a la raza humana la existencia de una inmensidad, que sienta que no está solo, que somos muchos los que apreciamos sus descubrimientos y sus trabajos
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