martes, 1 de diciembre de 2020

Galileo Galilei

 Galileo Galilei marcó el fin de la ciencia existente hasta entonces, a partir de él se inicia la ciencia actual, a la que se catalogó como “método científico” el que utilizaba Galileo.

Del juicio a Galileo, me intriga que estando rodeado de las mentes más desarrolladas de la época, ninguna de esas mentes fuera capaz de imaginar la existencia del universo, mientras que nuestros nietos e hijos los vemos con un juguete en la mano diciendo “hasta el infinito y más allá”. Nuestros niños no es que sean más inteligentes que los estudiosos contemporáneos de Galileo, lo que les diferencia es la fantasía, antídoto contra los dogmas o cortinas de humo que producen los profesionales vendedores de humo (son los que hablan muy bien pero no solucionan nada).

Los grandes descubrimientos suelen hacerse en la más grande de las soledades. Pienso en esa noche en la que Galileo enfocó el telescopio al cielo y descubrió el universo. Deseo estar con mi espíritu a su lado, junto  con otros muchos espíritus que sienten como yo, y participar de esa sensación de inmensidad que le produjo la observación de algo que estaba ahí sin que nadie lo viera como él lo vió, los cráteres de la Luna, las fases de la Venus, lo satélites de Júpiter, grandes descubrimientos que cuando los dió a conocer a la comunidad científica, lo condenan a morir quemado. Quiero estar con Galileo esa mágica noche, que trajo a la raza humana la existencia de una inmensidad, que sienta que no está solo, que somos muchos los que apreciamos sus descubrimientos y sus trabajos

Darwin

 Darwin amplió el tiempo de la existencia, de cinco mil años pasó a miles e incluso millones de años.

Galileo amplió el espacio, de un planeta a millones de planetas.

Darwin amplió el tiempo, de cinco mil años a millones de años.

Galileo fue condenado a muerte y Darwin al ridículo, por esa absurdas ideas que  cuestionan el conocimiento de los sabios y los libros sagrados. Son considerados “insensatos”.

No hay, no existe constancia, de hechos, sucesos y experiencias más allá de nuestro planeta o de hace más de cinco mil años. Por ello las interpretaciones sobre cómo y que éramos hace miles de años o que sucede más allá de varios años luz, es totalmente libre de la imaginación, la experiencia y el hecho más probable.

Gracias Galileo.

Gracias Darwin.

Nos habéis proporcionado un inmenso espacio-tiempo a nuestra imaginación.


Fin de la ciencia

Acabo de leer “El fin de la ciencia” escrito por Manuel Lozano Leyva y he sentido lo mismo que siento al leer a Galileo o a Einstein.
Igual que Galileo y Einstein, Leyva rumia lo que se conoce y extrae un jugo de conocimiento limpio y libre de impurezas.

Leyva identifica el humo que producen los “vendedores de humo” diferenciándolo de la niebla natural que rodea el limitado saber del ser humano. 
Leyva, también, me ha recordado a Bertrand Russell, que como él, valora y referencia conquistas del saber. 
Libro de interés, para los que nos gusta la ciencia. 
Me ha impresionado la frase “para reformar los cementerios no se cuenta con los de dentro”, que desconocía, frase contundente, clara y muy aplicable a varios colectivos vinculados a la ciencia (incluidos la enseñanza y la investigación). 
Los colectivos religiosos, se auto-excluyeron en las reformas en tiempos de Galileo y Darwin, a día de hoy, las religiones no se han adaptado a la existencia del universo o no asumen que el mundo existe desde hace mucho más de 5.000 años.